Anestesia local

Cuando uno mira el panorama político, cada vez tiene más la sensación de que los cuervos de cuello blanco aplican a la sociedad civil dosis tras dosis de anestesia local, suficiente para mantener a la opinión pública tan sonada como el boxeador perdedor de un combate. Cuando echo el ojo al Parlamento, esa institución desvirtuada por consenso desde la Transición, veo que unos emplean el valioso tiempo que todos les pagamos en arrojar los huevos podridos de la corrupción a los de enfrente, mientras que éstos inventan polémicas con escuchas ilegales y pérdida de derechos civiles frente al coco del Estado (de derecho, cuando les conviene).

Los primeros olvidan que la corrupción es transversal en todos los sentidos, y que su bando escribió las páginas más escandalosas del pelotazo en nuestra Historia reciente. Los segundos olvidan que SITEL lo compraron ellos, aun sabiendo que era una herramienta constitucionalmente discutible (no lo digo yo, son sus palabras).

Y lo que olvidan todos (no, no lo olvidan) es que entre tantos huevazos podridos y anestésicos locales no dicen una sola palabra de cómo hacerle la vida más soportable al ciudadano de a pie. No se habla de economía, de vivienda, de banca... Y lo peor es que nosotros tampoco nos movemos. No hay forma de que les tiremos de la oreja más que en elecciones, único momento en el que se acuerdan de nosotros y su discurso se torna aún más insultante a la inteligencia media. Estamos demasiado ocupados viendo Gran Hermano, conociendo los secretos sucios de la Pantoja y el Muñoz. Me cuesta, lo confieso, pero a veces pienso que quizá tengamos la clase política que nos merecemos.

Con los millones de parados no veremos manifestaciones multitudinarias en las calles, pero veréis el día que un club de fútbol de primera descienda a segunda... Sí, puede que nos lo merezcamos.

La baza del miedo

No es ninguna novedad que en este país que se rompe (o se lleva rompiendo desde que los socialistas están en el poder y se recompone cuando los herederos conceptuales de Isabel la Católica los relevan), nuestra clase política es muy dada a la Petty Politics, o política de la nimiedad. Cuando hay verdaderos problemas que deberían ocupar los minutos de nuestros excelentes representantes, se pasan el día echándose en cara quién ha usado qué avión para irse de putas o quién ha gastado más en trajes de lujo. Y mientras, el español medio ve que se le acaba el paro y se queda en la calle como Dios lo trajo al mundo, debiendo una hipoteca leonina y con unos hijos que no dejan de preguntarle por qué ahora tienen que comer lo mismo todos los días.

La otra cara de la moneda es cuando, por puro interés de marketing partidista, el especimen político siente la necesidad de meternos el miedo en el cuerpo, hablando más d ela cuenta de la gripe A y la cantidad de muertos que produce al mes, semana o día en España ante la "pasividad" del Gobierno. Si os dáis cuenta, es la misma intención de quitarnos de cabeza ideas peligrosas (no nos engañemos, los del PP tienen recetas similares o peores que el PSOE para "arreglar" la crisis) y obcecarnos en la política de la nimiedad con una pizca de pánico colectivo. Esta moda importada de Estados Unidos parece estar funcionando a las mil maravillas en nuestro país, como la importación de Santa Claus o la celebración de Halloween. Lástima que no seamos más permeables a la inteligencia crítica.

Para echar una mano a empezar a andar en esto de la inteligencia crítica, os animo a que veáis el siguiente vídeo. No tiene desperdicio, y habla de los buenos amigos de Aznar al otro lado del Atlántico. Ved y juzgad.

'Capitalismo, a love story'

Muchael Moore es como los buenos virus: siempre está al día de lo que más procupa a su sociedad y dispuesto a provocar más sarpullidos. No sé si alegrarme por lo oportuno que es o preocuparme por lo oportunista que pueda ser. Esto es lo nuevo que nos trae este otoño.



¿Irá en esta ocasión al fondo del meollo, o se limitará a sacar los colores de quienes han malinterpretado un sistema que es bueno de por sí? Al menos, ésa ha sido su filosofía soterrada hasta el momento, y no le culpo. Porque una sociedad de plástico no puede tener una conciencia que no sea de plástico también.

De trajes y financiaciones

Nuestro país "goza" desde hace un lustro de la socialdemocracia. Una suerte de supositorio balsámico administrado por la vía rectal de nuestro subconsciente. O dicho de otro modo, una forma de hacernos tragar la economía de mercado liberal, a base de untarnos vaselinas de luchas por los derechos del ciudadano y desvíar nuestras miradas de los sitios "incomodos".

A tal efecto, se abrió la caja de Pandora no hace mucho tiempo para atacar sin cuartel a las "legiones fascistas" de Génova. Una forma un tanto peculiar de hacer justicia: no se sabe como, un sumario judicial llega (todos los días) a manos de quien sabe cual reportero de manos inocentes de algún periódico de tirada nacional. Y ale... ¡a darle bombo y platillo! Porque, a falta de ideas y/o soluciones prácticas para abordar una crisis económica (y sobre todo laboral, en este nuestro país), lo mejor que al Gobierno se le ha ocurrido es airear sin ningún pudor los trapos sucios de su rival electoral. Que el ciudadano de a pie no se ponga a pensar demasiado en como la están cagando por otro lado. El viejo truco.

Y no es que el PP sea un dechado de virtudes, ni mucho menos, pues más bien parece Falcon Crest en versión cañí. Pero ¿qué podemos pedirle a un partido político cuyos miembros creen que ellos son los que han nacido para gobernar? La "izquierda" (o lo que ellos consideran tal) debe de estar ahí, como un mal menor inherente a toda democracia para, de vez en cuando, aportar algo. Que, con todo lo que les está lloviendo, no se haya mermado la confianza electoral que reciben, dice mucho de este país.

Porque este es el verdadero problema: la gente. La gente, repito, que, o no ve las cosas o no quiere verlas. Y es que me resulta infumable que a la gente le resulten más cuestionables las "inversiones textiles" de algún presidente del levante español (miles de euros de los contribuyentes, es cierto), que el que un presidente de un equipo de "neogladiadores" se gaste millonadas en un jugador de fútbol (millones de euros procedentes de los pagos hipotecarios de los obreros), cuando la mayor parte de nosotros no llegamos a fin de mes. A la gente es fácil manipuarla: panem et circenses.

Y mientras el show continúa, se pacta casi a hurtadillas un nuevo modelo de financiación autonómico que aporta más dinero a todas las Comunidades. Pero ¡oh, sorpresa! las Comunidades más beneficiadas van a ser las que mayor cantidad de voto socialista tienen, si exceptuamos Madrid. Y digo yo ¿para qué? Porque seguimos siendo el lastre de Europa en cuanto a inversiones en educación e I+D. Y nuestro sistema sanitario necesita profesionales como los niños del tercer mundo agua y comida. Quizá sea para impulsar aún más la "solución de soluciones" del aparato socialista: el Plan E. Este es un país de obreros sin estudios, una generación entera consumida por la vorágine constructora y el dinero fácil que da la obra. Y a Zapatero lo único que se le ocurre es solucionar el problema de base de esta sociedad ¡con más obra!

Podría seguir y seguir pero, en resumidas cuentas, así está la situación del país. Y con todo este negocio montado a espaldas del ciudadano, ya puede llover mierda sobre el despacho del Presidente del Gobierno que aquí no dimite ni el tato.

Entonces ¿la solución es UPyD? ¡ja! Ya os contaré...

Por el pueblo, para el pueblo, sin el pueblo

Estos días asistimos a una estampa muy curiosa en el mundo de la política internacional. El inigualable Silvio Berlusconi ha invitado a sus amigos del G8 a celebrar su periódica reunión de amigos en L'Aquila, la población que hace tres meses sufrió uno de los peores terremotos del centro de Italia. En lo que más parece la reunión de cuatro amigos en el club de campo para hablar de sus cosas (puede que prostitución de lujo y bacanales incluidas), los mandamases del mundo capitalista se han paseado por la ciudad arrasada para mostrar su apoyo, primero los presidentes y luego las primeras damas por su cuenta.

No me extraña que los ciudadanos de L'Aquila se hayan mostrado indignados, viendo pasearse por sus derruidas calles a los políticos que nunca volverán allí, como si con su presencia fuesen a arreglar algo y a ellos los acordonan lejos, lejos para que no empañen la foto. A grandes males, sentido del humor, que vemos plasmado en los carteles que, en la distancia, los ciudadanos exhibían para que Super Obama los viera: "Yes We Camp", rezan unos, mientras que las mujeres optaban por un "The Last Ladies", en referencia a las primeras damas y su paseo por las ruinas.

Pero ¿quién se acuerda de que esta gente lleva meses viviendo en tiendas de campaña, mientras Berlusconi presume de caserón donde montar sus fiestas? Parece que nadie, y, mientras, Italia, país corrupto de economía discutible y principios bajo mínimos, sigue en el G8, dando el cayo entre las naciones más poderosas e influyentes del mundo.


Me ha resultado llamativo porque no es un hecho aislado, sino la manifestación de dónde están las democracias actuales, colmenas de intereses entrecruzados donde lo público ya no se diferencia de lo privado y los dirigentes cada vez se parecen más a esa figura paternalista de tiempos pasados, propietaria y benefactora de todo un país. La posibilidad de elegir o no en las urnas a esta gente no les quita los complejos. Cualquiera con un mínimo de vergüenza, propia y ajena, hubiera declinado la invitación de celebrar la opulencia en medio de la miseria (eso sí, con helicópteros listos para la evacuación por si se produce otro terremoto).

Y al ciudadano que le den por culo.